Cuando tenía 10 años, me hice un pequeño corte en el dedo. Estaba afuera de mi casa, jugando con mis amigos, en la vereda, como todas aquellas tardes de verano.
Entré a mi casa, corriendo. Busqué a mi mama para mostrarle la sangre que corría por mi mano. Bah, no estoy segura ahora de eso; la memoria quizás me esté jugando una mala pasada como cuando intento recordar algún hecho “triste”. En fin, volviendo a la anécdota. Miré a mi vieja y le dije que me sentía mal. Una extraña sensación invadió todo mi cuerpo. La voz de ella se hizo cada vez más lenta. Yo miraba sus ojos, fijamente, pero...no podía escucharla. Su boca, de labios finos y nerviosos, modulaba palabras que flotaban en el aire y sólo un eco muy suave mis oídos captaron con mucho esfuerzo. . No la vi más. Dejé de escucharla. Un manto de oscuridad cubrió todo mi ser. Dónde estoy? Qué es esto? Me quedé dormida? Mamá? Dónde estás?
Un “piiiiiii” ensordecedor irrumpió en mi cabeza y comencé a despertarme, como bombardeada. Unos gritos lejanos decían Sofía!!! Sofía!!!...De pronto...Luz. Abrí mis ojos en un continuo y nervioso parpadeo hasta poder enfocar mi vista en mi viejo, que estaba mirándome fijo. Mi mamá gritaba, decía que iba a llamar al médico.
-Sofía estás bien? Dijo el hombre de mirada temerosa pero a la vez tranquilizadora.
Yo no sabía que responder. Un escalofrío profundo rodeó mi cuerpo. Mis manos, sin embargo, estaban sudando. Tenía una curita en el dedo. Ya no sangraba. De a poco, pude unir algunas palabras.
Qué me pasó? A dónde estoy?- La gestualidad, seguramente no a propósito, de mi padre hizo que no siguiera preguntando. Pero tengo la leve sensación de que en ese momento hubiese querido continuar diciendo Quién soy? Por qué me dicen Sofía?
El médico dijo que me bajó la presión. Razones: susto por ver sangre, propia. Algunos cambios hormonales. (Hacía poco me había hecho “señorita”, nunca supe muy bien porqué le daban una connotación festiva. A mis amiguitas las felicitaban. Yo en cambio, sé que les prohibí totalmente ese gesto a mis padres. Algo no me cerraba muy bien) En resumen, me dijeron que tome dos litros de agua por día y me alimente bien. Recomendaciones médicas, de rutina, las de siempre, las mismas. No me acuerdo más.
De lo que sí me acuerdo, es de todos los días que le sucedieron a aquel hecho aparentemente insignificante. Algo que nunca había pensado hasta ese día en que me desmayé por primera vez.
-Mamá, me voy a morir. Todos nos vamos a morir….-Le dije.
Y desde ese entonces, vivo consciente de que no son consciente , tanto como me gustaría. También aprendí a tenerle cariño a mi nombre. Me dicen Sofía es por eso. Porque nunca pude hacerlo propio. Pero, ahora reconozco que desde haber conocido su significado antes, hubiese entendido muchas otras cosas más.
Entré a mi casa, corriendo. Busqué a mi mama para mostrarle la sangre que corría por mi mano. Bah, no estoy segura ahora de eso; la memoria quizás me esté jugando una mala pasada como cuando intento recordar algún hecho “triste”. En fin, volviendo a la anécdota. Miré a mi vieja y le dije que me sentía mal. Una extraña sensación invadió todo mi cuerpo. La voz de ella se hizo cada vez más lenta. Yo miraba sus ojos, fijamente, pero...no podía escucharla. Su boca, de labios finos y nerviosos, modulaba palabras que flotaban en el aire y sólo un eco muy suave mis oídos captaron con mucho esfuerzo. . No la vi más. Dejé de escucharla. Un manto de oscuridad cubrió todo mi ser. Dónde estoy? Qué es esto? Me quedé dormida? Mamá? Dónde estás?
Un “piiiiiii” ensordecedor irrumpió en mi cabeza y comencé a despertarme, como bombardeada. Unos gritos lejanos decían Sofía!!! Sofía!!!...De pronto...Luz. Abrí mis ojos en un continuo y nervioso parpadeo hasta poder enfocar mi vista en mi viejo, que estaba mirándome fijo. Mi mamá gritaba, decía que iba a llamar al médico.
-Sofía estás bien? Dijo el hombre de mirada temerosa pero a la vez tranquilizadora.
Yo no sabía que responder. Un escalofrío profundo rodeó mi cuerpo. Mis manos, sin embargo, estaban sudando. Tenía una curita en el dedo. Ya no sangraba. De a poco, pude unir algunas palabras.
Qué me pasó? A dónde estoy?- La gestualidad, seguramente no a propósito, de mi padre hizo que no siguiera preguntando. Pero tengo la leve sensación de que en ese momento hubiese querido continuar diciendo Quién soy? Por qué me dicen Sofía?
El médico dijo que me bajó la presión. Razones: susto por ver sangre, propia. Algunos cambios hormonales. (Hacía poco me había hecho “señorita”, nunca supe muy bien porqué le daban una connotación festiva. A mis amiguitas las felicitaban. Yo en cambio, sé que les prohibí totalmente ese gesto a mis padres. Algo no me cerraba muy bien) En resumen, me dijeron que tome dos litros de agua por día y me alimente bien. Recomendaciones médicas, de rutina, las de siempre, las mismas. No me acuerdo más.
De lo que sí me acuerdo, es de todos los días que le sucedieron a aquel hecho aparentemente insignificante. Algo que nunca había pensado hasta ese día en que me desmayé por primera vez.
-Mamá, me voy a morir. Todos nos vamos a morir….-Le dije.
Y desde ese entonces, vivo consciente de que no son consciente , tanto como me gustaría. También aprendí a tenerle cariño a mi nombre. Me dicen Sofía es por eso. Porque nunca pude hacerlo propio. Pero, ahora reconozco que desde haber conocido su significado antes, hubiese entendido muchas otras cosas más.