sábado, 25 de abril de 2020

Saber no es ver.

“—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. —Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse. —”
                                  Antoine de Saint-Exupéry.

Sin dudas hay libros que marcan tu vida. Este fue el primero que leí. Y cada tanto, vuelvo a tomarlo de la biblioteca, para deleitarme con su letra. Cada párrafo es una invitación a lo más profundo de mi ser. Como aquella primera vez, en que sentí, que alguien escribía de manera sencilla, algo que dentro mío sentía y sin embargo no podía expresar por falta de recursos. Era muy pequeña. Pero sentí como cada palabra de aquel niño al que Antoine le llamó Principito, se me clavaba en el cráneo y me dejaba todo el día pensando. 
Todo eso, me inspiró y me hizo reflexionar acerca del saber. 
No es ver. Es saber. Y un saber que al principio puede parecer. Parece un saber, porque es como si no se pudiese explicar de dónde lo sabemos. Entonces, le restamos significado. Y allí andamos, un poco ciegos, un poco sordos. A eso "poco" que sabemos lo vamos tapando, cuando intentamos darle poder a nuestros ojos y raras veces, a nuestros oídos. Necesitamos ver. Deseamos ver. Algo que nos haga creer. Porque sino, pues, cómo vamos a hacerlo?
Tal vez, si pensáramos en que ese deseo es un engaño del ego? Uno más, de todos los que requiere constantemente para alimentarse. Ver para creer. Así como las creencias limitantes, así como asignarle a la vista un falso don divino, rozando la idea de poder mágico que todo lo transforma. Digo, quizás, un poco, sólo sea egoísmo disfrazado de altruismo. estás seguro que si adquirieses esa clarividencia sería para darlo a la humanidad? Seguro de que no quisieras guardarlo  para vos mismo y ponerlo de adorno en la frente, para que otros vean lo espectacular, espiritual y maravilloso que sos?
Pero….son solo pensamientos que se van cruzando por mi mente. Y me atraviesan, hasta dejarme desnuda y rendida en la incertidumbre.
Siento que el principito, está más cerca de una verdad que cualquier otro.
No se trata de ver, ni de oír, Se trata de sentir. Y no sé cómo, pero lo afirmo. El tacto es intuitivo,perceptivo. Tocar, para sentir; alquimia. La lámpara de Aladin.. Si yo siento, yo soy. Y si yo soy, conecto. Resueno. Inspiro. Irradio. Contagio. Un pequeño instante de lucidez. Pero tan intenso como si en cada terminación nerviosa de mi cuerpo físico, se me diera una descarga eléctrica. El rayo penetra; la intuición. El alma palpitante y susurrando. Inmensamente esencial, pero sencillamente complejo. Abrir el corazón. Abrir el corazón. Abrir el corazón. Ser uno mismo en total esplendor. Luminosidad tan brillante que nunca se podrá percibir con los ojos, sino, sólo con aquel que todo lo ve. El del alma. Pero no entre el ceño, solamente, sino, unos centímetros más arriba hasta casi fundirse con el aire.
Queda por preguntarse….qué estoy haciendo hoy para poder ser? Y despertar cada átomo?

Y si lo esencial es invisible a los ojos, supongo que las respuestas, solo van a estar dentro de cada uno.