miércoles, 4 de noviembre de 2020

Centro

 Soy la búsqueda incesante que se cuela en la comodidad del fanatismo desmedido. Soy quien cuestiona (y se cuestiona) cada idea arraigada que no te deja avanzar ni liberarte.

Ando como un espiral que va abriéndose mientras camina. Despliego cada partecita de mi en ese transcurrir.
Abro puertas, todas las que pueda y busco, que, me lleven a nuevos desafíos. 

A veces he roto ventanas y tuve que volver a empezar. Me he quedado atrapada en ese propio laberinto que iba creando sin darme cuenta, viviendo sin vivir, respondiendo porque sí. 

Eternamente retornando, ya que me faltaba aprender una lección. Pero ahora que miré hacia dentro y ví, sé, lo que tengo que hacer. Y sin embargo, las ventanas que rompí, están ahí, esperando ser reparadas. Hacerse cargo de uno mismo, ser responsable...puf...ese sí que es el desafío más difícil al que me enfrentare por primera vez. Hubo veces fallidas antes, pero abría la puerta y me evitaba las ventanas rotas. 

Pasaba de nivel, seguía abriendo puertas y fue así que tuve que juntar los vidrios rotos de otros; sufrí, estuve herida, cada cicatriz me recuerda el dolor por el que pasé. 

Pero hoy, es distinto, quiero abrir la puerta y hacerme cargo de mí, coserme de a poquito y arreglar las ventanas, para que pase el aire cuando tenga que pasar y cuando yo decida que lo quiero. Ya no quiero más tormentas de viento en este cuerpo, ni emociones descontroladas.


Hoy, miro, desde el centro y vuelvo a mí.