martes, 16 de junio de 2020

Nacer otra vez


Quizás ya es momento de apartar de nosotros ese concepto de individualidad que tenemos arraigado en nuestra cáscara, que casi se confunde con lo esencial, pero que al contrario, nos aleja de nuestro verdadero ser.  No es que esté bien o mal, pensar en uno mismo, sino, que identificarnos con un falso concepto es lo que precisamente no nos ayuda. Y digo falso, porque andamos medio confundidos y distraídos, diciendo que eso que algunos llaman egoísmo es amor propio; no sé bien de dónde salió la frase, de hecho, si intentara rastrear su origen  y lo encontrará, pues no me sorprendería que haya sido manipulada en pequeños detalles para adaptarse a los estándares de la modernidad. Sin embargo, siento, que todas esas ideas que no nos son propias sino impuestas por la cultura del yoísmo exagerado, nos distorsionan un escenario que podría ser menos caótico si dejásemos de mirar nuestro ombligo.
Dejar de sentirnos únicos, por tanto especiales, podría darnos el puntapié para reconocernos como parte de un todo. Nos daríamos cuenta de que no hay frontera real que divida nuestros idiomas, ni nuestros cuerpos, ni nuestra esencia, porque en verdad, eso es, también una ilusión. Un estado que hacemos crecer día a día por no estar atentos, no vigilarnos y por mirar demasiado nuestro ombligo pero sin saber porqué lo hacemos.
Todos, buscamos, al fin, lo mismo. Algunas combinaciones pueden diferenciarnos, aunque no sean infinitas y están meticulosamente contadas. Nuestra existencia está en el mapa de ruta, de un destino que iremos descubriendo poco a poco, conforme vayamos viviendo y abriendo el corazón. Somos el camino y el camino es nosotros. Se va construyendo a medida que vamos caminando aunque tenga algunas directrices que podemos seguir ciegos o aprender a elegir con sabiduría y conciencia, según nuestro impulso latente que palpita en nuestro interior. 
Entonces, pensaba, que seguir sosteniendo la errónea idea de la individualidad, es absurdo. No sirve para sostener nada a largo plazo porque corremos el riesgo de perdernos entre tantos disfraces que se pone el egoísmo para confundirnos. Abrirnos a la nueva era, del amor fraternal y la humildad del abrazo, con un mensaje que viene siendo dicho desde antes que estemos aquí, habitando este lugar, pero que cada cierto cierre de ciclo, nos vuelve a ser repetido porque no lo escuchamos, lo pasamos por alto y por ende, no lo aprendemos. Ese mensaje, esa energía elevada, nos puede salvar  de tanto cambio, de tanta injusticia, de tanto sin sentido que, parece, tener este hermoso juego que se llama vida. 

Unirnos es el  punto de partida y el hacia dónde vamos.