martes, 26 de mayo de 2020

Vintage



“Si se rompe, se tira, porque da mala suerte” Cuántas veces
escuchaste a alguien decir eso cuando un objeto se rompe?



No vengo a dar ninguna nueva noticia, me parece importante aclarar esto de antemano; sólo estoy pasando en palabras aquello que siento al observar esa taza conteniendo un cactus en mi jardín. No cuesta tanto darnos cuenta de que estamos sumergidos (tristemente) en la cultura de lo descartable. Basta un rato de observarnos, un simple ejercicio que podemos hacer a diario, para llegar a la misma conclusión. Lo que sí propongo es una alternativa ¿Te preguntaste porqué dicen eso de que dé mala suerte un objeto roto en la casa? ¿Será el feng shui? o en cambio y más probablemente, ¿un slogan universal para justificar nuestro consumismo desmedido? Los objetos ya no cuentan historias ni nos recuerdan a nuestros ancestros. Todo lo que tenemos es…de plástico, limpio, blanco, minimalista, visualmente estético y bello y correcto y pulcro y alineado con el concepto de belleza actual; liso. Estamos presenciando una moda de un falso “menos es más”, donde para que tener menos sea posible, tiramos, compramos, tiramos y volvemos a comprar. Una moda, falsa, y muy alejada del verdadero concepto original. Consumimos hasta el hartazgo cosas que no necesitamos, porque lo queremos YA y nos cambiarán YA, nuestra vida. Todo viene en un envase llamativo, tanto que no te dejan pensar, hasta convertirse en una necesidad básica que no sabías que tenías hasta que no probas su “fórmula mágica”. Todo, pero, todo, lo que compramos tiene fecha de caducidad. Nos volvimos expertos en maquillar las imperfecciones. Lo viejo, sólo puede convivir con nosotros si es “vintage”, (Ah, porque también creamos palabras para decir lo mismo de una manera más…”vendible”) sólo si nos puede conceder el poder de ser distintos, únicos, originales, más allá de que el del al lado, tenga lo mismo que vos, porque lo compró también pensando que sería único e irrepetible. Lo que no tiene marketing, marche a la basura.
Y así es, pues, también con lo que se rompe. Ahora me refiero a un objeto, pero podría detenerme en hacer analogías con los humanos y sus diversas relaciones, entre ellos o entre el ambiente que los rodea, las plantas, los animales, con su vestimentas, con sus dietas alimenticias, con sus gimnasios, sus boliches, , etc. et etc. etc. Peeeero, no viene al caso.
Entonces, solo venía a reflexionar. Pensemos entre todos, nuevas formas de repararnos y unir nuestro pasado y nuestro futuro en un constante presente. Reparar lo que tocamos y rompemos. Dejar de repetir como loritos, frases de mierda como “soltar y fluir”, prohibiéndonos así de utilizarlas para lo importante y es una lástima realmente. Probemos con hacernos cargo. Animarnos a no ser descartables.
Existe en la cultura japonesa una técnica llamada Kintsugi, que consiste en pegar las piezas de un objeto roto, y no sólo eso, sino, pintar con oro las grietas para destacar las imperfecciones. ¿Ven? ¿A qué me estaba refiriendo antes? En una era en donde el tiempo no sobra, ponerse a reconstruir es un acto de valientes. ¿Valientes? Porque frente a la angustia que puede provocarnos un objeto amado que se rompe, uno se sienta a juntar cada pedacito del suelo e improvisa. Y así, de eso, un poco se trata la vida, ¿no?
Quizás no vuelva a ser como antes, tampoco sabemos si será mejor, solo podemos tener una certeza: Será, diferente , y eso es lo que hay que aprender a integrar. Se trata de eternizar el instante y conservar las historias.
Ernest Hemingway escribió: “El mundo rompe a todos y después algunos son fuertes en los
lugares rotos”
Ojalá tomemos el arte japonés como ejemplo para nuestra propia vida, en todos los ámbitos posibles. Ojalá maquillar las imperfecciones deje de estar de moda y podamos, día a día, volvernos más conscientes de nosotros mismos, de nuestro ambiente.
Me acepto y me siento. Despacito, durante el atardecer, me voy cosiendo las heridas y medito. Observo la taza. Creo en la magia de mi ser. Tengo todo lo que necesito y también soy lo que no necesito. Imagino y luego creo. Tomo una de las miles de posibilidades que me ofrece el universo y agradezco. Soy, abundante. Estuve rota pero ya no; mis cicatrices me sirven de guía para ser quién soy.